Buscando a Dios


Compartamos esta historia que nos ayudar√° a saber que Dios habita en todas las cosas de este mundo. Aprendamos que la humildad, generosidad, bondad y sobretodo fe son merecedoras para transitar este camino hacia nuestro Creador.

 

Juan nunca hab√≠a sido un hombre de fe. Su vida no hab√≠a sido muy sencilla pero tampoco mucho m√°s complicada que la del com√ļn de las personas.

Era una persona pragm√°tica, de aquellas que creen solamente en lo que ven sus ojos y se ci√Īen a lo concreto. No era amigo de lo abstracto y cre√≠a que Dios era precisamente eso, algo abstracto, sin rostro, sin cuerpo, que no era tangible ni visible y ante sus ojos eso se parec√≠a peligrosamente al descr√©dito total.

Era difícil o casi imposible para Juan pensar en un Dios que permitiese la guerra, el hambre, la enfermedad y el dolor. No podía entender el libre albedrío que Dios da a sus criaturas para llevar sus vidas por los caminos que ellos elijan, pero siempre esperando que lleguen a él y haciendo todo lo posible para que lo hagan.

De todos modos y sin darse cuenta, Juan¬†buscaba a Dios, necesitaba creer, pensar que hab√≠a algo m√°s que esta vida que tenemos, que exist√≠a el Amor con may√ļsculas, el m√°s grande, el m√°s inmenso de todos.

Juan no lo sab√≠a, pero lo buscaba. Su vida era una constante b√ļsqueda y si bien Dios est√° en todas partes, dicen que se percibe m√°s en lo peque√Īo, que se aloja en los m√°s necesitados y se cobija en aquellos que no tienen d√≥nde hacerlo.

Una fr√≠a ma√Īana Juan caminaba por un parque que se encontraba frente a una iglesia. En las escalinatas de la misma estaba sentado un hombre con su mano extendida¬†pidiendo limosna. Ese tipo de escenas eran las que hac√≠an dudar a Juan de la existencia de Dios, lo mismo que cuando ve√≠a un ni√Īo con fr√≠o y con hambre o injusticia y desamparo.

Juan segu√≠a buscando creer, pero buscaba en el lugar equivocado. Hasta que un d√≠a su b√ļsqueda termin√≥.

Esa noche, la del mismo d√≠a que hab√≠a visto al hombre pidiendo limosna en la iglesia por la ma√Īana, volvi√≥ a pasar por all√≠ y la escena que vio lo moviliz√≥ en forma inesperada. Una se√Īora casi tan humilde como el mendigo, le alcanzaba un taz√≥n de sopa caliente y una frazada, algo desgastada, pero que sin dudas combatir√≠a el fr√≠o.

Juan se quedó mirando. Alguien cuya humildad era evidente, alguien a quien sin dudas no le sobraba nada, compartía con otro que tenía menos su alimento y su abrigo. Volvió a su casa caminando despacito, si poder sacarse de la mente o, mejor dicho del corazón, el gesto de esa mujer.

No pudo conciliar el sue√Īo, por un lado la pobreza extrema, el cielo como techo, la calle como hogar. Por el otro, la generosidad m√°s absoluta, el amor hacia el otro expresado no en palabras, sino en apaliar la necesidad vital del pr√≥jimo.

√Čl no hubiera hecho eso, no se consideraba un hombre malo o indiferente, pero sab√≠a que jam√°s se le hubiese ocurrido calmar el hambre y el fr√≠o de un hombre que viv√≠a en la calle. Sin embargo, esa humilde mujer, que ten√≠a mucho menos que √©l, hab√≠a elegido hacerlo.

Era cierto realmente, Dios nos hace libres. Pensó en cuántas veces había visto gente con hambre y había elegido no hacer nada. Cuantas veces podría haber dicho una palabra que otro necesitaba escuchar y había elegido no hacerlo.

Esa humilde mujer, hab√≠a elegido compartir, acompa√Īar, sanar en cierto modo, en definitiva, hab√≠a elegido amar.

Juan comprendi√≥ que hab√≠a buscado en lugares donde no suele¬†encontrarse a Dios¬†y que el Se√Īor, para que no siguiera dudando de su existencia, hab√≠a decidido present√°rsele en la figura de esa mujer que daba casi lo que no ten√≠a para ella. All√≠ sin dudas, estaba Dios.

La vida ya no fue igual para Juan pues había dejado entrar a Dios en ella y sabido es que Dios jamás abandona.

 

¬°Esperamos que este cuento te haya gustado y te sirva para iluminar a todos aquellos que est√©n en la b√ļsqueda de la luz!

 

Camino a los Mil Logros .-
Myriam y Patricia .-

 

Dejanos tu comentario: